05 marzo 2011

QUE BONITO




que bonito devolver la sonrisa a unos ancianos.
Solo hablarles,hacerles compañia aunque sea solo media hora,
para devolverles un poco de felicidad.
Es lo que hago,
los visito todas las tardes,les devuelvo la esperanza,
un beso en sus mejillas,
ellos me sonrien y me dan las gracias,
antes de irme les digo hasta mañana.
me hacen una señal con la mano,
que sencillo, solo una sonrisa,un beso y unas palabras,
que rompan su monotonia.
que bonito......

LA FLOR MAS HERMOSA


En una árida región del Lejano Oriente había una vez un pequeño reino que estaba en guerra con un país vecino. El reino estaba devastado y su monarca había muerto en la última batalla.

 Al enterarse de la muerte del rey, y sabiendo que no había sucesor, la población entera se reunió para exigirle al Consejo de Ancianos que elevara al trono a alguien que fuera verdaderamente amante de la vida para que nunca más la guerra terminara con la existencia de tantos.....
El Consejo sabía que se debía tener mucho cuidado con las siguientes decisiones. También ellos querían poner su reino en manos de alguien sabio y honesto. Así fue que, durante días, estuvieron pensando y debatiendo; debatiendo y pensando. ¿Cómo elegir entre todos los jóvenes a la mejor persona para ocupar el trono?

Para una primera seleción, pidieron que cada ciudad, cada condado, cada comarca mandara a su mejor candidato a la corona para presentarse ante el Consejo. A los pocos Días, los jóvenes llegaron al palacio. Ente ellos estaba Liú, pastora que había sido seleccionada en un pueblecito de las montañas.

- Yo no quiero se la futura emperatriz - Había dicho Liú a sus padres.

- Hija, nuestro pueblo cree que tú eres la mejor para conducirnos a una vida de paz - le había respondido la madre - aunque la decisión definitiva, acerca de ir o no ir, es tuya.
Liú, que amaba mucho a la gente, había decidido aceptar sus demandas y emprender el largo camino hasta el palacio. Allí estaba, junto a cientos de muchachos y muchachas de todo el reino, reunidos ante el Consejo de Ancianos. Su portavoz, el más viejo de todos, les dio la bienvenida y les dijo:

- Cada cual va a recibir una semilla. La plantará y la cuidará con sus propias manos en la tierra de su pueblo natal. Cuando vuelva la primavera, nos reuniremos de nuevo aquí, cada cual con su planta crecida en una maceta. Quien tenga la planta con la flor más hermosa será quien ocupe el trono.

Liú tomó su semilla y se ocupó de envolverla amorosamente en su pañuelo de seda. Y después la guardó, teniendo mucho cuidado de no apretarla ni golpearla, en su bolsa de cuero. Una vez en su pueblo, plantó la semilla en una maceta con el mismo cuidado y suavidad con que la había transportado hasta allí. La hundió en la mejor tierra que pudo encontrar y, siguiendo los consejos de sus vecinos más sabios, la regó cada día, pero ni mucho ni poco.

Los días pasaron, pero en la maceta no aparecía nada. Liú siguió regando la tierra sin exagerar y esperó pacientemente. Los meses pasaron y nada sucedió. Ella añadió tierra nueva y se animó a agregar un poco de abono. También la cambió de lugar, le cantó y le habló animando a la flor a crecer.

Cuando por fin llegó la primavera, Liú se dio cuenta de que era hora de realizar de nuevo el largo viaje hacia el palacio real, aunque también supo que no valía la pena: En su maceta sólo habían aparecido unos pocos tallos que hicieron ilusionar a algunos, pero que resultaron ser simples hierbas silvestres. De la flor no había ni un solo indicio. Por una parte, es bueno reconocerlo, Liú se alegró. Ella no tenía ningún deseo de cambiar su vida sencilla por la de una emperatriz. Pero, por otra, cargaba a la vez con la pena de su gente. Liú decidió hablarles antes de partir.

- Vosotros sabéis que acepté ser vuestra representante por el amor y el respeto que os tengo. Yo fui a palacio, a pesar de que no quería cambiar mi vida entre vosotros por la vida de emperatriz. pero esta vez tengo dudas...Mirad mi maceta...¿qué sentido tiene ir? Ni siquiera hay una flor para competir. Si voy, ¿no os dejaré en mal lugar?

El pueblo hizo corrillos para discutir qué responder a Liú. Luego empezaron a expresar sus conclusiones:

- No tengas vergüenza de ir, querida Liú. Nuestro pueblo nunca ha pretendiodo ser mejor que otro. Sólo somos un pueblo hermano de otros pueblos que quiere compartir con ellos su búsqueda de paz. Solamente faltar a la cita nos dejaría en un mal lugar. Lo has hecho lo mejor que has podido y te hemso ayudado hasta donde supimos. Sin embargo, en última instancia, la decisión es tuya.

Liú se pasó toda la noche reflexionando, y a amanecer, empezó a andar hacia el palacio. ¡Qué maravillosa escena había cuando llegó al salón del Trono! Los muchachos y muchachas estaban otra vez allí, pero ahora con sus macetas repletas de hermosas flores. Si una flor era bella, la otra lo era más aún.

El Consejo se desplazó por el salón examinando cada maceta, una a una, antes de tomar ninguna decisión. Liú casi ni se veía entre todos, cabizbaja con su maceta, la única sin flor...Los miembros del Consejo iban terminando su recorrido y se reunían para conversar entre ellos. Liú ni siquiera vio cuando uno de ellos se acercó a ella y miró la tierra de su maceta antes de regresar en silecio a reunirse con los demás. Y seguía con los jojos bajos cuando el portavoz se acercó a ella seguido de todo el Consejo y dijo:

- Esta niña será nuestra emperatriz.

Liú levantó la vista para ver a quién habían elegidoy vio que el anciano se dirigía a ella...
Y vio a todos los demás poner una rodilla en el suelo para reverenciarla.....
- Pero si mi maceta no ha florecido...

El Portavoz habló ahora para todos:

- Nosotros tostamos cada una de las semillas que repartimos. Ninguna podía florecer. Quisimos asegurarnos de que el trono lo ocuparía una persona honesta, y es ésa la flor que nos ha traído esta joven en su vacía maceta -y Dándose la vuelta le dijo-: Tenemos mucha belleza por aquí, pero lo importante para este reino es su actitud....

Dios bendiga a nuestra emperatriz....

TODOS SOMOS IGUALES