08 febrero 2011

¿Y DESPUES DE LA VACA?



“Para impartir una lección a su joven un discípulo un maestro decidió una tarde que ambos visitaran algunos de los parajes más pobres de la provincia. Después de caminar un largo rato, encontraron el vecindario más triste y desolador de la comarca y se dispusieron a buscar la más humilde de todas las viviendas. Aquella casucha a medio derrumbarse, que se encontraba en la parte más alejada del caserío, era sin duda alguna, la más pobre de todas (…) en aquella casucha de apenas seis metros cuadrados vivían ocho personas. El padre, la madre, cuatro hijos y dos abuelos se las arreglaban para acomodarse de cualquier manera en aquel reducido espacio”


“Curiosamente en medio de este estado de penuria y pobreza total la familia contaba con una sola posesión, extraordinaria bajo tales circunstancias, una vaca. Una flacuchenta vaca cuya leche le proveía a la familia algo para sobrevivir. La vaca era la única posesión material con la que contaban y lo único que los separaba de la miseria total. Y allí en medio de la basura y del desorden, el maestro y el discípulo pasaron la noche. Al día siguiente muy temprano y asegurándose de no despertar a nadie, los dos viajeros se dispusieron a continuar su camino.
“Ante la incrédula mirada del joven, y sin que éste pudiera hacer algo para evitarlo, súbitamente el anciano sacó una daga que llevaba en su bolsa y de un solo tajo degolló a la pobre vaca que se encontraba atada a la puerta de la vivienda. ¿Qué has hecho maestro? – dijo el joven susurrando angustiadamente para no despertar a la familia - ¿Qué lección es ésta que deja a una familia en una ruina total?, ¿Cómo has podido matar esta pobre vaca que era su única posesión?. Sin inmutarse ante la preocupación de su joven discípulo y sin hacer caso de sus interrogantes, el anciano se dispuso a continuar su marcha. Así pues, dejando atrás aquella macabra escena, maestro y discípulo partieron. El primero, aparentemente indiferente ante la suerte que le esperaba a la pobre familia por la pérdida del animal. Durante los siguientes días al joven le asaltaba una y otra vez la nefasta idea de que, sin la vaca, la familia seguramente moriría de hambre. ¿Qué otra suerte podrían correr tras haber perdido su única fuente de sustento?”
“La historia cuenta, un año más tarde, los dos hombres decidieron pasar nuevamente por aquel paraje para ver qué había ocurrido con la familia. Buscaron en vano la humilde vivienda. En el lugar donde estaba antes la humilde casucha, se levantaba ahora una casa grande, recientemente construida (…) y cuál no sería su sorpresa cuando, del interior de la casa, vieron salir al mismo dueño que antes les había dado posada. Sin embargo, su aspecto era totalmente distinto. Sus ojos brillaban, vestía ropas limpias, iba aseado y su amplia sonrisa mostraba que algo significativo había sucedido.”


“El hombre les confesó a los dos viajeros que su primera reacción ante la muerte de la vaca fue de desesperación y angustia y contó que se habían dado cuenta que a menos que hicieren algo hasta su propia supervivencia se hallaría amenazada. Necesitábamos comer y buscar alimento para nuestros hijos así que limpiamos la parte posterior de la casucha y sembramos legumbres y hortalizas con tal éxito que sobró hasta para vender. Tuvimos mucho éxito con la producción y ahora producimos y distribuimos para todo el pueblo.”


“El maestro, que había permanecido en silencio escuchando el relato fascinante del hombre, llevó al joven a un lado y le preguntó en voz baja:

- ¿Tú crees que si esta familia tuviese aún su vaca, habría logrado todo esto?

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