11 septiembre 2010

NOCHES DE BOHEMIA Y DE ILUSION...

MUJERES PELEANDOSE POR APARCAR

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QUE SI,QUE CABE

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EMPIEZO A RECORDARTE

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EL ELEFANTE ENCADENADO


Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante.

Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye?

Cuando tenía 5 o 6 años yo todavía en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: -Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...                                                            NUNCA DIGAS" NO PUEDO",SIGUE LUCHANDO POR LO QUE QUIERES CONSEGUIR.....

PERO ME ACUERDO DE TI

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REFLEXIONES



- Comienza el día con una sonrisa, veras lo divertido que es ir desentonando con el resto de la humanidad
- Las drogas producen amnesia y algo más que no me acuerdo.ejejejjjj

.- El que es capaz de sonreír cuando todo le esta saliendo mal, es porque ya tiene pensado a quien echarle la culpa

- Si buscas una mano dispuesta a ayudarte, la encontraras al final de tu brazo.

- Optimista es aquél que cree poder resolver un atasco de tráfico tocando el claxon.

- Hay tres tipos de personas: los que saben contar y los que no.

- He oído hablar tan bien de ti, que creía que estabas muerto.

- No te tomes la vida en serio, al fin al cabo no saldrás vivo de ella.

- Es mejor callar y que piensen que eres idiota a hablar y demostrarlo.

- Algunos matrimonios acaban bien, otros duran toda la vida.

- Recuerda siempre que eres único... Exactamente igual que todos los demás.

- Una prostituta es una señora que al desvestirse queda en ropa de trabajo.

- ¿El pene puede ser masculino o femenino? Si mide más de 12 cms es pene, pero si mide menos de 12 cms es una pena.

- Un día leí que fumar era malo y dejé de fumar. Un día leí que beber era malo y dejé de beber. Un día leí que follar era malo y dejé de leer.

- Yo si se lo que es trabajar duro, de verdad, porque lo he visto.

- Hay que trabajar ocho horas y dormir ocho horas, pero no las mismas.

SIN MIEDO A NADA

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APRENDIENDO A NADAR

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PERO TE QUIERO

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TORNEO DE CANTO


Una vez llegó a la selva un búho que había estado en cautiverio, le contaba a todos acerca de las costumbres de los humanos.

Contaba, por ejemplo, que en las ciudades los hombres calificaban a los artistas en competencia, a fin de decidir quiénes eran los mejores en cada disciplina, pintura, dibujo, escultura, canto....La idea de transplantar costumbres humanas prendió con fuerza entre los animales y quizás por ello se organizó de inmediato un concurso de canto, en el cual se anotaron rápidamente casi todos los presentes, desde el jilguero al rinoceronte.

Guiados por el búho, que había aprendido en la ciudad, se decretó que el concurso se definiría por el voto secreto y universal de todos los concursantes, que serían de esta manera su propio “jurado”.

Así fue. Todos los animales incluido el hombre pasaron al estrado y cantaron recibiendo el más o menos intenso aplauso de la audiencia. Luego anotaron su voto en un papelito y lo colocaron doblado en una gran urna que sostenía el búho.

Cuando llegó el momento del recuento, el búho se subió al improvisado escenario y flanqueado por dos ancianos monos, abrió la urna para leer y comenzar el recuento de los votos del “transparente acto eleccionario”, “gala del voto universal y secreto” y “ejemplo de vocación democrática” (como había escuchado decir a los políticos en las ciudades).

Uno de los ancianos sacó el primer voto y el búho, ante la emoción general, gritó:

—¡El primer voto, hermanos, es para nuestro amigo el burro!

Se produjo un silencio, seguido de algunos tímidos aplausos.

—¡Segundo voto: burro!

...¿?...

—¡Tercero... burro!

Los concurrentes comenzaron a mirarse, sorprendidos al principio, acusadoramente después y por último, cuando proseguían apareciendo votos para el burro, cada vez más culposos y avergonzados de sus propios votos.

Todos sabían que no había peor canto que el desastroso rebuzno del equino. Sin embargo, uno tras otro, los votos lo elegían como el mejor de los cantores.

Y así sucedió que, terminado el escrutinio, quedó decidido por “libre elección” del “imparcial” jurado, que el desigual y estridente grito del burro era el ganador.......

Y fue declarado como"la mejor voz de la selva y alrededores".

El búho explicó después lo sucedido:cada concursante,considerándose a sí mismo el indudable vencedor,había dado su voto al menor cualificado d los concursantes,aquel q no podía representar amenaza alguna.

La votación fue casi unánime. Sólo dos votos no fueron para el burro: el del propio burro, q creía q no tenía nada q perder y había votado sinceramente por el jilguero, y el del hombre q , cómo no , habia votado por si mismo...


                            reflexiona y saca tu propia conclusion,yo la mia ya la tengo........

PARODIA DE GREASE

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PREGUNTAS SIN RESPUESTAS...




-¿Por qué las mujeres no se pueden pintar las pestañas con la boca cerrada?


-¿Por qué cuando tienes que escribir tu contraseña sale con asteriscos si la estoy escribiendo yo?


- ¿Por qué cuando cogemos una caja de medicamentos, por muchas vueltas que le demos, siempre la abrimos por el lado que no es y aparece el prospecto ahí doblado?


- ¿Por qué apretamos más fuerte los botones del mando a distancia cuando tiene pocas pilas?


-¿Cómo sabemos si se apaga la luz de la nevera cuando la cerramos?


-Si nadar es tan sano y estiliza la figura, ¿por qué las focas están tan gordas?


- Cuando sale al mercado una nueva marca de comida para perros y con mejor sabor, ¿quién la prueba?


- ¿Por qué las ovejas no encogen cuando llueve y los jerséis de lana sí?


- ¿Qué cuentan las ovejas para poder dormir?


- ¿Por qué cuando llueve levantamos los hombros? ¿Acaso nos mojamos menos?


- ¿Dónde está la otra mitad de Oriente Medio?


¿Por qué en los anuncios de raquetas de tenis aparece gente jugando al tenis, en los anuncios de coches puedes ver coches, y sin embargo en los anuncios de condones no ves más que gente jugando al tenis o coches parados?


- ¿A qué huelen los pelos de la nariz?


- Cuando un abogado se vuelve loco, ¿pierde el juicio?


- Si homicidio es matar a un hombre, suicidio... ¿es matar a un suizo?


¿Por qué cuando nos cuelgan el teléfono nos quedamos mirándolo como si él tuviera la culpa?


- ¿Por qué cuando nos llaman al móvil sentimos la necesidad irrefrenable de ponernos a andar de un lado a otro?


- ¿Por qué los relojes que tienen manecillas no tienen piececillos?


- Si una palabra está mal escrita en el diccionario, ¿cómo lo sabríamos?


-¿Por qué para apagar Windows hay que ir al botón de Inicio?


-Si un gato cae siempre de pie, y una tostada con mantequilla cae siempre por el lado en que está untada, ¿qué pasaría si le atas a un gato en la espalda una tostada con la mantequilla hacia arriba y luego lo tiras al aire?


- ¿Por qué cuando en el coche no vemos algo apagamos la radio?


- Si los hombres son todos iguales, ¿por qué las mujeres eligen tanto?


- ¿Por qué en las películas americanas nadie cierra el coche con llave?


- ¿Por qué los kamikazes llevaban casco?


- ¿Por qué cuando alguien llama por teléfono a un número equivocado nunca da ocupado?


- ¿Por qué hay gente que despierta a otros para preguntar si estaban durmiendo?


- Si las botas de cuero se estropean con la lluvia... ¿qué hacen las vacas cuando llueve?


- Si los mocos son desagradables ¿por qué cuando nos sonamos la nariz abrimos el pañuelo y miramos lo que hemos echado?


- ¿Por qué nos da por ir a la nevera cada cuarto de hora, si siempre hay lo mismo?


- ¿Para qué corremos rápido bajo la lluvia, si delante también llueve?


-¿Por qué seguimos intentando sacar el correo por la ranura del buzón si sabemos que lo único que conseguimos es pelarnos los nudillos?

POR UNA JARRA DE VINO


Había una vez... otro rey. Este era el monarca de un pequeño país: el principado de Uvilandia. Su reino estaba lleno de viñedos y todos sus súbditos se dedicaban a la fabricación de vino. Con la exportación a otros países, las 15.000 familias que habitaban Uvilandia ganaban suficiente dinero como para vivir bastante bien, pagar los impuestos y darse algunos lujos.

Hacía ya varios años que el rey estudiaba las finanzas del reino. El monarca era justo y comprensivo, y no le gustaba la sensación de meterle la mano en los bolsillos a los habitantes de Uvilandia. Ponía gran énfasis, entonces, en estudiar alguna posibilidad de rebajar los impuestos.

Hasta que un día tuvo la gran idea. El rey decidió abolir los impuestos. Como única contribución para solventar los gastos del estado, el rey pediría a cada uno de sus súbditos que una vez por año, en la época en que se envasaran los vinos, se acercaran a los jardines del palacio con una jarra de un litro del mejor de su cosecha. Lo vaciarían en un gran tonel que se construiría para entonces, para ese fin y en esa fecha.

De la venta de esos 15.000 litros de vino se obtendría el dinero necesario para el presupuesto de la corona, los gastos de salud y de educación del pueblo. La noticia fue desparramada por el reino en bandos y pegada en carteles en las principales calles de las ciudades. La alegría de la gente fue indescriptible.

En todas las casas se alabó al rey y se cantaron canciones en su honor. En cada taberna se levantaron las copas y se brindó por la salud y la prolongada vida del buen rey.

Y llegó el día de la contribución. Toda esa semana en los barrios y en los mercados, en las plazas y en las iglesias, los habitantes se recordaban y recomendaban unos a otros no faltar a la cita. La conciencia cívica era la justa retribución al gesto del soberano. Desde temprano, empezaron a llegar de todo el reino las familias enteras de los viñateros con su jarra, en la mano del jefe de familia. Uno por uno subía la larga escalera hasta el tope del enorme tonel real, vaciaba su jarra y bajaba por otra escalera al pie de la cual, el tesorero del reino colocaba en la solapa de cada campesino, un escudo con el sello del rey.

A media tarde, cuando el último de los campesinos vació su jarra, se supo que nadie había faltado. El enorme barril de 15.000 litros estaba lleno. Del primero al último de los súbditos habían pasado a tiempo por los jardines y vaciado sus jarras en el tonel.

El rey estaba orgulloso y satisfecho; y al caer el sol, cuando el pueblo se reunió en la plaza frente al palacio, el monarca salió a su balcón aclamado por su gente. Todos estaban felices. En una hermosa copa de cristal, herencia de sus ancestros, el rey mandó a buscar una muestra del vino recogido. Con la copa en camino, el soberano les habló y les dijo:

— Maravilloso pueblo de Uvilandia: tal como lo imaginé,todos los habitantes del reino han estado hoy en el palacio. Quiero compartir con vosotros la alegría de la corona, por confirmar que la lealtad del pueblo con su rey, es igual que la lealtad del rey con su pueblo. Y no se me ocurre mejor homenaje que brindar por vosotros con la primera copa de este vino, que será sin dudas un néctar de dioses, la suma de las mejores uvas del mundo, elaboradas por las mejores manos del mundo y regadas con el mayor bien del reino, el amor del pueblo.

Todos lloraban y vitoreaban al rey. Uno de los sirvientes acercó la copa al rey y éste la levantó para brindar por el pueblo que aplaudía eufórico... pero la sorpresa detuvo su mano en el aire, el rey notó al levantar el vaso que el líquido era transparente e incoloro; lentamente lo acercó a su nariz, entrenada para oler los mejores vinos, y confirmó que no tenía olor ninguno.

Catador como era, llevó la copa a su boca casi automáticamente y bebió un sorbo.¡El vino no tenía gusto a vino, ni a ninguna otra cosa...! El rey mandó a buscar una segunda copa del vino del tonel, y luego otra y por último a tomar una muestra desde el borde superior. Pero no hubo caso, todo era igual: inodoro, incoloro e insípido.

Fueron llamados con urgencia los alquimistas del reino para analizar la composición del vino. La conclusión fue unánime: el tonel estaba lleno de AGUA, purísima agua y cien por cien agua. Enseguida el monarca mandó reunir a todos los sabios y magos del reino, para que buscaran con urgencia una explicación para este misterio. ¿Qué conjuro, reacción química o hechizo había sucedido para que esa mezcla de vinos se transformara en agua...? El más anciano de sus ministros de gobierno se acercó y le dijo al oído:

— ¿Milagro? ¿Conjuro? ¿Alquimia? Nada de eso, muchacho, nada de eso. Vuestros súbditos son humanos, majestad, eso es todo.

— No entiendo – dijo el rey.

— Tomemos por caso a Juan. Juan tiene un enorme viñedo que abarca desde el monte hasta el río. Las uvas que cosecha son de las mejores cepas del reino y su vino es el primero en venderse y al mejor precio. Esta mañana, cuando se preparaba con su familia para bajar al pueblo, una idea le pasó por la cabeza... ¿Y si yo pusiera agua en lugar de vino, quién podría notar la diferencia...? Una sola jarra de agua en 15.000 litros de vino... nadie notaría la diferencia... ¡Nadie!...Y nadie lo hubiera notado, salvo por un detalle, muchacho, salvo por un detalle:





                                                    ¡TODOS PENSARON LO MISMO!

YO SOY PETER

Era una vez un bar de mala muerte, en uno de los barrios más turbios de la ciudad.
El ambiente sórdido parecía extraído de una novela policíaca de serie negra.

Un pianista borracho y ojeroso golpeaba un blues aburrido, en un rincón que apenas se divisaba entre la escasa luz y el humo de cigarrillos apestosos.

De repente, la puerta se abrió de una patada. El pianista cesó de tocar y todas las miradas se dirigieron a la entrada.

Era una especie de gigante lleno de músculos que se escapaban de su camiseta, con tatuajes en sus brazos de herrero.

Una terrible cicatriz en la mejilla daba aún más fiereza a su cara de expresión terrible.
Con una voz que helaba la sangre, gritó: «¿Quién es Peter?».

Un silencio denso y terrorífico se instaló en el bar. El gigante avanzó dos pasos, agarró una silla y la arrojó contra un espejo.

-¿Quién es Peter? -volvió a preguntar.

Un pequeño hombrecillo con gafas separó su silla de una de las mesas laterales. Sin hacer ruido, caminó hacia el gigante y, con voz casi inaudible, susurró: «Yo... Yo soy Peter».

-¡Ah! ¿Así que tú eres Peter? Yo soy Jack, ¡hijo de puta!

Con una sola mano, lo levantó en el aire y lo arrojó contra un espejo. Lo levantó y le pegó dos puñetazos que parecía que le iban a arrancar la cabeza. Después le aplastó las gafas. Le destrozó la ropa y, por último, lo tiró al suelo y saltó sobre su estómago.

Un pequeño hilo de sangre empezó a brotar de la comisura de los labios del hombrecito, que quedó semiinconsciente tirado en el suelo.
El gigantón se acercó a la puerta de salida y, antes de irse, dijo: «Nadie se burla de mí. ¡Nadie!». Y se fue.

Apenas se cerró la puerta, dos o tres hombres se acercaron a socorrer a la víctima de la paliza. Lo sentaron y le acercaron un whisky.
El hombrecito se limpió la sangre de la boca y empezó a reírse, primero suavemente y después a carcajadas.

La gente lo miró sorprendida. ¿Los golpes lo habían vuelto loco?
-No entendéis nada -dijo. Y siguió riendo-. Yo sí que me he burlado de ese idiota.
Los demás no podían evitar la curiosidad y lo asaltaron a preguntas.

¿Cuándo?
¿Cómo?
¿Con una mujer?
¿Por dinero?
¿Qué le has hecho?
¿Lo enviaste a prisión?
El hombrecito siguió riendo.


-No, no. ¡Yo me he burlado de ese estúpido ahora, delante de todos! Porque yo... ¡Ja, ja, ja! Yo...

                                                  ....¡Yo no soy Peter!......

LA ESPOSA DEL CIEGO


En un pueblo vivía un señor que tenía una rara enfermedad en los ojos. El hombre había estado ciego durante los últimos treinta años de su vida.
Un día llegó al pueblo un famoso médico al que fueron a consultar su caso. El doctor aseguró que operando al hombre podía devolverle la vista. 
Pero la esposa del ciego se opuso porque se sentía vieja y fea.....

LA TORTUGA Y LA LIEBRE DE FABULA...


Una tortuga y una liebre siempre discutían sobre quién era más rápida.

Para dirimir el conflicto de opiniones, decidieron correr una carrera.

Eligieron una ruta y comenzaron la competencia. La liebre largó a toda velocidad y corrió enérgicamente durante un buen rato. Luego, al ver que había sacado muchísima ventaja, decidió sentarse debajo de un árbol para descansar unos momentos, recuperar fuerzas y luego continuar su marcha.

Pero pronto se quedó dormida. La tortuga, que andaba con paso lento pero constante, la alcanzó, la superó y terminó en punta, declarándose ganadora indiscutible de la carrera.
Moraleja: "Los lentos pero constantes y perseverantes, también ganan la carrera."

Pero la historia no terminó aquí, sino que prosigue...

La liebre, decepcionada por haber perdido, hizo un examen de conciencia y reconoció su grave error de subestimar a la tortuga. Se dio cuenta que por presumida y descuidada había perdido la carrera. Si no hubiese subestimado a su oponente, nunca la hubiera podido vencer. Entonces, desafió a la tortuga a una nueva competencia. Esta vez, la liebre corrió sin descanso desde el principio hasta el fin y su triunfo fue contundente.

Moraleja: "Los rápidos y tenaces vencen a los constantes y perseverantes."

Pero la historia tampoco termina aquí...
Después de ser derrotada, la tortuga reflexionó detenidamente y llegó a la conclusión de que no había forma de ganarle a la liebre en velocidad. De la manera como estaba planteada la carrera, ella siempre perdería.

Por eso, desafió nuevamente a la liebre, pero propuso correr por una ruta distinta a la anterior. La liebre aceptó y corrió a toda velocidad, hasta que se encontró en su camino con un ancho río. La liebre no sabía nadar, y mientras se preguntaba "¿Qué hago ahora...?", la tortuga nadó hasta la otra orilla, continuó a su paso lento pero constante y terminó la carrera en primer lugar.

Moraleja: "Quienes identifican su ventaja competitiva (saber nadar) y cambian el entorno para aprovecharla, llegan de primeros."

Pero la historia tampoco termina aquí....

Pasó el tiempo, y tanto compartieron la liebre y la tortuga que terminaron haciéndose amigas. Ambas reconocieron que eran buenas competidoras y decidieron repetir la última carrera, pero esta vez corriendo en equipo. En la primera parte, la liebre cargó a la tortuga hasta llegar al río. Allí, la tortuga atravesó el río a nado con la liebre sobre su caparazón, y ya en la orilla de enfrente la liebre cargó de nuevo a la tortuga hasta llegar a la meta.

Como alcanzaron la línea de llegada en tiempo récord, sintieron una mayor satisfacción que la que habían experimentado en sus logros individuales.

Moraleja: "Es bueno ser individualmente brillante y tener fuertes capacidades personales. Pero, a menos que seamos capaces de trabajar con otras personas y potenciar recíprocamente las capacidades de cada uno, no seremos completamente efectivos."

Coda final
Es importante advertir que ni la liebre ni la tortuga abandonaron la carrera.
La liebre evaluó su desempeño, reconoció sus errores y decidió poner más empeño después de su fracaso. Por su parte la tortuga, al notar que la velocidad era su mayor debilidad, decidió cambiar su estrategia y aprovechar su fortaleza como nadadora, en un nuevo recorrido. Después de varias contiendas, la tortuga y la liebre descubrieron que unidas lograban mejores resultados.
La liebre y la tortuga también aprendieron otra lección vital:

Cuando dejamos de competir contra un rival y comenzamos a competir contra una situación, no solo complementamos capacidades, compensamos debilidades, potenciamos nuestros recursos... sino que también obtenemos mejores resultados!
Todos tenemos carreras por delante, y hay muchas maneras de ganarlas.
Hay muchas liebres, muchas tortugas... y muchas metas que alcanzar!
Finalmente: "No se reúna con un grupo fácil; no le harán crecer. Vaya donde sean muy altas las exigencias y las expectativas de desempeño".