11 septiembre 2010

YO SOY PETER

Era una vez un bar de mala muerte, en uno de los barrios más turbios de la ciudad.
El ambiente sórdido parecía extraído de una novela policíaca de serie negra.

Un pianista borracho y ojeroso golpeaba un blues aburrido, en un rincón que apenas se divisaba entre la escasa luz y el humo de cigarrillos apestosos.

De repente, la puerta se abrió de una patada. El pianista cesó de tocar y todas las miradas se dirigieron a la entrada.

Era una especie de gigante lleno de músculos que se escapaban de su camiseta, con tatuajes en sus brazos de herrero.

Una terrible cicatriz en la mejilla daba aún más fiereza a su cara de expresión terrible.
Con una voz que helaba la sangre, gritó: «¿Quién es Peter?».

Un silencio denso y terrorífico se instaló en el bar. El gigante avanzó dos pasos, agarró una silla y la arrojó contra un espejo.

-¿Quién es Peter? -volvió a preguntar.

Un pequeño hombrecillo con gafas separó su silla de una de las mesas laterales. Sin hacer ruido, caminó hacia el gigante y, con voz casi inaudible, susurró: «Yo... Yo soy Peter».

-¡Ah! ¿Así que tú eres Peter? Yo soy Jack, ¡hijo de puta!

Con una sola mano, lo levantó en el aire y lo arrojó contra un espejo. Lo levantó y le pegó dos puñetazos que parecía que le iban a arrancar la cabeza. Después le aplastó las gafas. Le destrozó la ropa y, por último, lo tiró al suelo y saltó sobre su estómago.

Un pequeño hilo de sangre empezó a brotar de la comisura de los labios del hombrecito, que quedó semiinconsciente tirado en el suelo.
El gigantón se acercó a la puerta de salida y, antes de irse, dijo: «Nadie se burla de mí. ¡Nadie!». Y se fue.

Apenas se cerró la puerta, dos o tres hombres se acercaron a socorrer a la víctima de la paliza. Lo sentaron y le acercaron un whisky.
El hombrecito se limpió la sangre de la boca y empezó a reírse, primero suavemente y después a carcajadas.

La gente lo miró sorprendida. ¿Los golpes lo habían vuelto loco?
-No entendéis nada -dijo. Y siguió riendo-. Yo sí que me he burlado de ese idiota.
Los demás no podían evitar la curiosidad y lo asaltaron a preguntas.

¿Cuándo?
¿Cómo?
¿Con una mujer?
¿Por dinero?
¿Qué le has hecho?
¿Lo enviaste a prisión?
El hombrecito siguió riendo.


-No, no. ¡Yo me he burlado de ese estúpido ahora, delante de todos! Porque yo... ¡Ja, ja, ja! Yo...

                                                  ....¡Yo no soy Peter!......

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